El eco de la inocencia

 El eco de la inocencia 


Aquellos rostros cansados, llenos de preocupación

que observo cuando camino por las mañanas.

Un mañana colmado de inquietud por lo que te

espera en el día.

Un día totalmente mecanizado, donde el tiempo

transcurre tan rápidamente.

Rápidamente pasan los días y me hago vieja.

¿Mi vejez está llena de sabiduría o mi

cerebro se volvió mecánico? Por eso olvido todo, ya no me gusta recordar 

cuán ajetreada fue mi vida.

Pero sí me gusta recordar esa alegría de

pasear saltando y moviendo mis coletas,

o disfrutar de la lluvia mientras mis zapatos

se llenaban de agua,

y pedir miel mientras molían la caña de azúcar…

Pero regreso aquí y solo veo rostros

preocupados, absortos entre deudas y afanes.

Extraño la inocencia, esa que nos han quitado a todos,

para transformarnos en máquinas.